Archivado en: Uncategorized | Etiquetas: Afganistán, EE.UU., machismo, Mujeres, ONU, religión
Afganistán, un país que hace unas semanas era noticia porque según las informaciones que llegaban desde allí parecía que realmente se estaba consiguiendo encaminar el proceso democrático.Nada es como decían.
Otra vez, los derechos de las mujeres son el blanco de la diana. Éstas siguen supeditadas a la dictadura que el hombre quiera ejercer contra ella. Hamid Karzai, presidente del país,era para los occidentales la mecha de la llama que llevaría a los afganos a una democratización de sus leyes, lo que conllevaría una occidentalización del territorio. Ello no era más que regalar los oídos a los gobernadores y empresarios.
Hoy las mujeres, en un acto de valentía, han salido a la calle, aunque cubiertas con su burka, a manifestarse en contra de una ley que permite las violaciones dentro del matrimonio, que las obliga a pedir permiso para buscar trabajo, para ir al colegio e incluso visitar el médico. Unas trescientas mujeres, junto con abogados y defensores de los derechos humanos, han alzado la voz que tienen y nadie parece escuchar para gritar bien alto que como individuos tienen derechos. Mientras tanto, apróximadamente quinientas personas, entre ellas doscientas mujeres, las acusaban de “esclavas de occidentes” o “cristianas”. La mujer la peor enemiga de si misma.
Por su parte, la ONU y EE.UU., según aparecía en El Mundo, exigen revisar el texto de la ley que todavía no ha sido aprobado para evitar lo que vendría a ser una nueva injusticia contra las mujeres, las mismas que están acostumbradas a ser vejadas cuando deciden estudiar, cuando son acusadas de adulterio, cuando son maltratadas por sus maridos de los que no pueden ni tienen derecho a defenderse…
Occidente parece ser la fuente de todo mal que daña su fundamentalismo religioso, el mismo que rige la vida en todos los aspectos. El Corán es la excusa y la mujer su verdugo como la fuente de todo mal.Puede dar la impresión de negarse a avanzar por negación a Occidente, ir contra éstos para mantenerse puros en su cultura y en su religión. El problema existente es que la religión se ha convertido en la política, en la justificación de cualquier acción.Todo vale con tal de que nadie ni nada perjudique o destruya sus costumbres.
