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El imperio que nunca debió ser
abril 20, 2009, 8:56 pm
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El Imperio

  • Autor: Ryszard Kapuscinski
  • Traducción del polaco: Agata Orzeszek
  • Editorial: Anagrama
  • Año de publicación: 1994
  • Número de Páginas: 356

El autor de El Imperio

 Ryszard Kapuscinski, 1932-2007, natural de Pinsk ha sido uno de los más importantes escritores  y periodistas del pasado siglo XX. El período de entreguerras en el que vivió le obligó a viajar junto a su familia por distintas ciudades. Sus estudios los llevó a cabo en la Universidad de Varsovia, desde ese momento comenzó su carrera en ascenso como periodista, por lo que tuvo que viajar por la India y África. Más tarde, también colaboró con periódicos extranjeros como The New York Times o ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’. Entre sus obras destacan, además de El Imperio, El Sha, Ébano o La guerra del fútbol.

La obra se divide en tres partes que a su vez está subdivida en distintos capítulos. Las dos primeras recogen los viajes del periodista, mientras que la última sirve para plasmar las reflexiones del autor sobre la situación de la antigua URSS  y la nueva Rusia.

En estas más de trescientas páginas, Kapuscinski escribe sobre lo que ha ocurrido y ocurre en el presente. La decadencia del Imperio Soviético es ya una realidad. Esta realidad es evidenciada con personajes anónimos de los distintos territorios, muchos de los cuales presentan deseos nacionalistas. El periodista ayuda al lector a comprender el porqué de estas necesidades nacionalistas, es uno de los cascotes de hielo que conforman la punta del iceberg.

Otra de las reflexiones es la que se refiere a su grandeza física: miles de kilómetros que  conforman este imperio en decadencia es lo que lo hace único y a la vez constituye la mayor fuente de sus problemas.

Kapunscinski comienza haciendo un recordatorio de su infancia, donde el escenario coincide con el de otros libros de guerra, pero esta vez en Rusia bajo la dictadura comunista de Stalin. Las siguientes líneas recogen la esencia de lo que significa un conflicto bélico, momentos en los que el miedo se mezcla con la valentía irracional del que se sabe muerto: “Los gritos, el llanto, los fusiles y las bayonetas, los rostros furiosos y bañados en sudor de unos marineros llenos de una ira, de una rabia y de un terror desconocidos e incomprensibles, todo eso está allí, en aquel puente sobre el Pina, en aquel mundo en que entro cuando tengo siete años”.

No obstante, es el segundo capítulo, el que más me ha impactado sobre todo por la interesante reflexión que el escritor hace sobre las “fronteras”, las cuales no cesan de causar conflictos entre los incipientes países. Límites que adoptan la forma de alambradas o de hombres que empuñan armas para atemorizar a los que transitan de un lugar u otro. Páginas bastante pesimistas, también  por la mención que se hace a la posible desaparición del  gran imperio soviético. Y es su tamaño, precisamente, lo que más le perjudica pues se necesitan elevadas sumas de dinero para poder mantenerlo, lo que va unido a la pobreza de los ciudadanos rusos, que ven en los extranjeros a seres que viven con grandes facilidades que ellos ni siquiera podrán conocer. Si hasta ahora, los paisajes que se han descrito eran los propios de un lugar frío, también hay lugar para el contraste: el desierto donde el agua es la fuente de conflictos.

La segunda parte del libro, la más extensa, comienza con la primavera de 1989. La democracia se imponía y la dictadura caía. Mientras tanto, la URSS pese a su decadencia, todavía contaba con las fuerzas suficientes para seguir en pie aunque no sin padecer la crisis del sistema, la cual seguía el mundo con gran interés e inquietud. Por ello, Kapuscinski planea un segundo viaje. A partir de ahora, se muestra a una ciudadanía que vive ajena  a todo, incluso a aquéllos temas que les afectan. Es la herencia de un férreo y muy protector sistema político, que ha hecho que mucho de sus millones de habitantes tengan “serias dificultades a la hora de autoidentificarse”, sólo se saben parte de la URSS, es lo que se conoce como “homo sovieticus”. Todo ello resultado del “tablero de ajedrez” de Stalin, ciudadanos que son movidos de un lugar a otro como simples fichas. Otra de las causas de la pobreza, que se menciona en el libro, es el ideal que inunda la mente de sus gobernantes.

 El imperio está por encima de todo y de todos. Sin embargo, el conflicto de intereses es cada vez mayor. Los pueblos despiertan sus ansías nacionalistas, contraste de las zonas rurales con las ciudades. El ejemplo más evidente es el de Moscú, centro de la URSS y ciudad más rica, muy lejos del resto. La URSS parece estancada, no avanza e incluso si se la compara con otros países parece ir a contracorriente.

 

 

Con la caída del comunismo, también cayeron sus símbolos

Se inicia la última década del siglo XX haciendo memoria y recordando el contexto histórico de los años 1992-1993. La URSS se desmorona y con ella, Gorbachov. La caída del comunismo es ya una realidad, como también lo es la transición. Arranca1993 con todavía vestigios del pasado reciente como: “la gran pobreza”, la burocracia en el poder, el K.G.B. y la policía.

Esta frase resume, a mi parecer, la esencia de la historia de Rusia y lo que fuera la URSS que R.K. nos ha querido transmitir: “La aventura de la Unión Soviética es la mayor experiencia, al tiempo que el problema más importante de la humanidad”. Edgar Morin.

Esta obra debería ser leída por todo aquel que tenga interés en conocer la  caída del imperio soviético desde un punto de vista distinto al que ofrecería un libro de historia, donde las historias anónimas son apartadas de sus páginas y donde todo el protagonismo se concentra en  personajes como gobernadores o militares, el resto pasa a conformar parte de la masa social como conjunto de vidas anónimas que poco tienen que decir o pocas acciones interesantes llevan a cabo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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